Las nuevas guías sobre hipertensión bajan los valores recomendados y refuerzan la prevención para reducir infartos, ACV y daño renal.
La hipertensión arterial es una de las enfermedades crónicas más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las más silenciosas. Millones de personas conviven con presión arterial elevada sin saberlo, lo que aumenta de forma significativa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular (ACV), insuficiencia renal y deterioro cognitivo.
En este contexto, nuevas guías médicas internacionales volvieron a encender la alarma: hoy se considera que una presión de 13/8 (130/80 mmHg) o menos es el objetivo deseable para la mayoría de los adultos. En personas con enfermedad cardiovascular o riesgo renal, el control debe ser aún más estricto.
¿Qué es la hipertensión y por qué importa controlarla?
La hipertensión, también conocida como presión arterial alta, ocurre cuando la fuerza con la que la sangre circula por las arterias se mantiene elevada de forma persistente. Se mide con dos valores: la presión sistólica (el número más alto), que refleja la fuerza durante el latido del corazón, y la presión diastólica (el número más bajo), que corresponde al momento de relajación cardíaca.
Cuando estos valores permanecen altos en el tiempo, las arterias y los órganos vitales —como el corazón, el cerebro y los riñones— sufren un desgaste progresivo. Por eso, aunque muchas personas no presenten síntomas, la hipertensión es una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial.
Nuevos valores de presión arterial: qué cambió
Durante años, se consideró aceptable una presión de hasta 14/9 (140/90 mmHg). Sin embargo, sociedades científicas como la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) actualizaron las recomendaciones basándose en evidencia reciente.
Según estas guías, hoy se define como normal una presión menor a 12/8 (120/80 mmHg). Valores entre 13/8 y 14/9 ya se consideran hipertensión en estadio 1, y requieren intervención temprana. En personas con antecedentes cardiovasculares o enfermedad renal, el objetivo ideal es alcanzar 12/8 o menos, siempre bajo supervisión médica.
Clasificación actual de la presión arterial
- Menos de 120/80 mmHg: presión arterial normal
- 120–129 y menor de 80 mmHg: presión arterial elevada
- 130–139 o 80–89 mmHg: hipertensión estadio 1
- 140/90 mmHg o más: hipertensión estadio 2
Factores que aumentan el riesgo de hipertensión
La presión arterial alta no tiene una única causa. Existen múltiples factores que influyen en su aparición, entre ellos la edad, la predisposición genética y el estilo de vida.
El sobrepeso, la falta de actividad física, una dieta rica en sal, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo son algunos de los factores más conocidos. En los últimos años, también se sumó la exposición a contaminantes ambientales como un elemento cada vez más asociado al desarrollo de hipertensión.
Síntomas: una enfermedad silenciosa
En la mayoría de los casos, la hipertensión no produce síntomas evidentes. Esto explica por qué una gran proporción de personas desconoce que tiene la presión alta. Los signos suelen aparecer recién cuando los valores son muy elevados, por ejemplo por encima de 18/12 (180/120 mmHg).
En esas situaciones pueden presentarse dolor de cabeza intenso, dolor en el pecho, mareos, dificultad para respirar, visión borrosa, zumbidos en los oídos o sangrado nasal. Ante estos síntomas, es fundamental consultar de urgencia.
Tratamiento temprano: cambios de hábitos y medicación
Las guías actuales remarcan que el tratamiento de la hipertensión debe comenzar lo antes posible. En personas con valores levemente elevados, el primer paso son los cambios en el estilo de vida: reducir el consumo de sal, mejorar la alimentación, realizar actividad física regular y dejar de fumar.
Si después de seis meses estas medidas no logran bajar la presión o reducir al menos un 5% del peso corporal, se recomienda iniciar tratamiento farmacológico. En casos de hipertensión estadio 2, muchas veces es necesario comenzar directamente con dos medicamentos combinados para lograr un control eficaz.
Hipertensión y salud cerebral: una relación clave
Además del corazón y los riñones, la hipertensión también afecta al cerebro. Estudios recientes muestran que la presión arterial alta daña los pequeños vasos sanguíneos cerebrales, lo que puede favorecer el deterioro cognitivo y aumentar el riesgo de demencia a largo plazo.
Mantener la presión arterial controlada, idealmente en valores cercanos a 12/8, no solo reduce eventos cardiovasculares, sino que también protege la salud cerebral y la calidad de vida con el paso de los años.
Conclusión
La hipertensión es una enfermedad frecuente, silenciosa y potencialmente grave, pero también prevenible y tratable. Las nuevas guías refuerzan un mensaje claro: controlar la presión arterial salva vidas y debe ser una prioridad desde edades tempranas.
Medirse la presión con regularidad, adoptar hábitos saludables y seguir las indicaciones médicas son pasos fundamentales para reducir el riesgo de complicaciones y vivir más y mejor.
Bibliografía
- American Heart Association. New high blood pressure guideline emphasizes prevention, early treatment to reduce CVD risk. https://newsroom.heart.org/news/new-high-blood-pressure-guideline-emphasizes-prevention-early-treatment-to-reduce-cvd-risk
- Writing Committee Members et al. (2025). Guideline for the Prevention, Detection, Evaluation and Management of High Blood Pressure in Adults. Hypertension. https://doi.org/10.1161/HYP.0000000000000249





